Service
Marketing, una asignatura que todos recordaremos por lo payaso y maleducado que
era nuestro profesor; aún así, nos enseño mucho, como que el inglés indio, es
el mejor del mundo, mejor incluso que el británico mismo.
La cosa
es que a este profesor no le apetecía venirse de nuevo a Bangalore en abril
para hacernos los exámenes, por lo que decidió adelantar sus exámenes un mes; de tal manera que realizamos el parcial un miércoles y el examen final
un viernes.
Nuestra
intención, era salir el viernes hacia Anantapur, para visitar la FundaciónVicente Ferrer y el examen no iba a cambiar nuestros planes…recordad que hemos
venido aquí a “estudiar” por lo que el jueves nos dirigimos a una oficina a
comprar billetes de tren, para realizar así nuestro primer viaje en ferrocarril.
Solo
uno de los trenes que partía nuestro destino nos convenía, aunque al mismo
tiempo también nos perjudicaba en cierto modo puesto que solo nos permitía 2
horas para realizar el examen del día siguiente. No nos importó, íbamos “sobraus”.
Y así
lo hicimos; nos sentamos en nuestros pupitres, sacamos nuestras estilográficas
y bordamos el examen en un tiempo record para poder llegar a la estación de
tren…estación muy concurrida con todo tipo de gente.
Realmente
no teníamos billete, puesto que estábamos en lista de espera, pero nos metimos
en el primer vagón libre a la espera de que nos tirasen, o con suerte, nos
dejaran tranquilos realizar el viaje completo. Una lástima que eso no se
cumpliese y a los 5 minutos nos tirasen a los vagones más pobres.
Los más
avispados y afortunados, Juan y Alejo, se encaramaron a un par de camas libres
que quedaban arriba, sobre los asientos, y pudieron viajar relativamente bien y
bastante tranquilos. Los demás en cambio, no tuvimos tanta suerte.
Ainara,
Ainhoa y Ruiz, fueron acompañadas de una madre que sostenía a un bebé prematuro
que a duras penas daba señales de vida. Una imagen muy dura y escalofriante a
la vez.
Uriarte
compartió compartimento con una familia de indios muy majos; pero resultó que
con tan majos que eran, la gente se empezó a unir al compartimento y donde
debían entrar 6 personas iban 9; así da gusto, todos juntitos y apretujados…¡Al
Roce!
Fue en
este viaje donde presenciamos uno de los pasajes más impactantes del viaje: un
hombre realmente grande y fornido golpeó repetidamente a una mujer que sostenía
en brazos a su hijo. No sabemos por qué
le pegó, no llegamos a entender lo qué pasó, pero ver la impasibilidad de la gente ante
semejante brutalidad nos dejó petrificados.
Afortunadamente,
no llegó a más y la mujer se pudo ir sin ningún tipo de lesión.
Una vez
calmados, Ruiz y Uriarte se llevaron otra sorpresa que decidieron no compartir
con el grupo, y es que mientras miraban al suelo tranquilamente, vieron
repetidamente a polizontes de 4 patas que corrían de un lado a otro.
Al fin
llegamos a Anantapur y nos dirigimos al centro para ser acogidos con la mayor
gratitud y hospitalidad posible. Todo fue amabilidad por parte de esta gente
maravillosa.
A las
horas de comer, coincidimos con mucha gente, voluntarios y turistas que acudían igual que nosotros para
ver cómo trabajaba la fundación y que proyectos se estaban llevando a cabo.
Entre
la gente que conocimos, queremos mencionar a Dani y María, una pareja de
malagueños de lo más majos y enrollados. Muy buena gente. Pasamos ratos
realmente agradables con ellos.
¡Un saludo muy fuerte para vosotros! ¡Esperamos que ya estéis recuperados y disfrutando del verano!
Pero también
hubo gente peculiar, como Lola, una cincuentona que quería ir a disfrutar del
lujo de tierras como Geneve pero que se equivocó de tren y terminó en India y
se pasaba el día criticando y echando pestes de todo tipo sobre todo, como por
ejemplo la suciedad del país.
El
último día llegó un personaje cuanto menos, especial. Navarro, fiestero y con
una pedrada del copón. Una avería muy seria, pero unas risas de mucho cuidado;
pena que no coincidiésemos más días, sobre todo teniendo en cuenta que al día
siguiente venía José Bono.
Las
tarde que tuvimos libres, las aprovechamos para ir al cine y ver una película
india. No entendíamos ni ostia, pero te imaginas la película, y al menos,
disfrutábamos de una temperatura agradable, puesto que afuera rondaban los 42º.
También
recorrimos la ciudad, y los niños, sorprendidos por ver gente blanca,
decidieron seguirnos, por lo que parecía un alegre pasacalles o una ferviente
manifestación.
Dejando
a un lado estos chascarrillos, nos gustaría centrarnos en lo verdaderamente
importante, en lo que nos condujo y nos motivó a realizar esta escapada: LaFundación Vicente Ferrer y la extraordinaria labor que allí llevan a cabo.
Podríamos rellenar hojas y hojas describiendo lo que vimos y lo que sentimos. Lo que aprendimos y descubrimos, y aún así no seríamos capaces ni de describir ni una infima parte de ese magnífico trabajo que se realiza convirtiendo la tristeza en alegría y las tragedias en oportunidades.
Es por ello, que como creemos que una imagen vale más que mil palabras, esta vez publicaremos unas cuantas para intentar acercaros la emoción que nosotros sentimos.
Así mismo, os invitamos a visitar la página web de la fundación.
P.D:
fue en la fundación donde nos comentaron que se podría entrar en Tibet a través
de Nepal…nuestros cerebros empezaron a trabajar, buscando la posibilidad y
compatibilidad con el largo viaje que nos esperaba al terminar el curso.

Uno de los cambios que sentí al ser padre (por primera vez) es que haces el mundo de los niños como algo tuyo. Personalizas en tus hijos las situaciones en las que ves niños.
ResponderEliminarMe entrarían ganas de traérmelos a casa.